Buena gestión de tecnología aplicada a la vida: lecciones aprendidas del sismo del 9 de octubre en Panamá
Este artículo empieza hablando de tecnología, pero da un giro que, espero, te sirva mucho más que el contenido que suelo publicar.
Durante muchos años lideré un departamento de tecnología. Si algo me caracteriza (y puedes preguntárselo a quienes han trabajado conmigo) es que no me gusta tropezar dos veces con la misma piedra. Aprender del pasado no era opcional en mi equipo: era parte del trabajo.
El hábito que aprendí en tecnología
Después de cada incidente importante hacíamos un ejercicio que yo llamaba postmortem. A algunos no les gustaba el nombre por su relación con la muerte, así que también lo llamamos «lecciones aprendidas». El nombre era lo de menos; el objetivo siempre fue el mismo.
Una vez terminada la recuperación, nos sentábamos todos los involucrados a reconstruir lo que pasó: qué ocurrió, cuándo, cómo, quién participó y por qué. No buscábamos culpables. Buscábamos oportunidades de mejora en tres momentos:
- Detección: ¿cuánto tardamos en darnos cuenta de que algo pasaba?
- Contención: ¿qué hicimos para evitar que empeorara?
- Recuperación: ¿cómo volvimos a la normalidad y qué nos frenó?
Ese ejercicio, repetido incidente tras incidente, es lo que convierte un mal día en un equipo mejor preparado.
El giro: lecciones aprendidas del sismo del 9 de octubre
Te cuento todo esto porque, conversando con amistades sobre cómo reaccionaron durante y después del sismo que sentimos en Panamá el 9 de octubre de 2026, me di cuenta de algo: este es el momento perfecto para aplicar la misma idea a nuestra vida familiar y a nuestras empresas.
El sismo ya pasó. La memoria todavía está fresca. Dentro de unas semanas los detalles se habrán borrado, y con ellos las lecciones.
Cómo hacer tu propio «postmortem» del sismo
Te propongo hacerlo de manera formal, igual que lo haríamos con un incidente de tecnología. Solo necesitas papel, lápiz y, si es posible, a tu familia o a tu equipo de trabajo alrededor de la mesa.
1. Arma una línea de tiempo
Escribe, en orden, qué pasó desde el primer movimiento hasta que todo volvió a la normalidad. ¿Dónde estaba cada uno? ¿Qué hizo en el primer minuto? ¿Cuánto tardaron en comunicarse? ¿En qué momento se sintieron tranquilos?
2. Responde las 5W y 1H
Es un marco sencillo para no dejar nada por fuera:
- Qué pasó (what)
- Cuándo pasó (when)
- Dónde estaba cada uno (where)
- Quién hizo qué (who)
- Por qué reaccionamos así (why)
- Cómo nos comunicamos y nos organizamos (how)
3. Aplica los 5 porqués
Cada vez que encuentres un problema o una decisión, pregúntate «¿por qué?» hasta cinco veces. La primera respuesta casi nunca es la causa real. Por ejemplo:
No pudimos comunicarnos durante los primeros minutos.
¿Por qué? Todos intentamos llamar al mismo tiempo y no entraban las llamadas.
¿Por qué? Porque la llamada era nuestro único plan.
¿Por qué? Porque nunca acordamos otro canal, como un mensaje de texto o un chat familiar.
¿Por qué? Porque nunca habíamos hablado de qué hacer en una emergencia.
¿Por qué? Porque asumimos que «eso no nos iba a pasar».
Fíjate que el problema no era la red telefónica: era la falta de un plan. Y eso sí está en tus manos.
4. Define un plan de acción
Con lo que encontraste, escribe acciones concretas, con un responsable y una fecha. Por ejemplo: definir un lugar seguro fuera de casa, acordar un canal de comunicación alterno, tener a mano una mochila con lo esencial o saber quién recoge a los niños si no hay forma de comunicarse.
No tiene que ser perfecto. Tiene que existir.
Lo que realmente estamos practicando
En tecnología aprendí que no controlamos cuándo ocurre un incidente, pero sí controlamos qué tan preparados estamos cuando llega. Con los sismos es exactamente igual.
Espero que estas líneas te ayuden a mejorar no solo en la gestión de tecnología, sino también en tu vida y en la forma en que enfrentas los eventos que no puedes controlar.
Saludos,
Sebastián
